A los funcionarios públicos que delinquieran, yo usaría la investidura pública como un agravante. A aquellos que piden coimas, que entorpecen los trámites para sacar algún provecho, que quieren su "alita" o su "tajada" su coimisión en las compras o adquisiciones del estado, en fin, a todos aquellos funcionarios que aprovechando de su rango, saquen un beneficio indebido, yo les duplicaría la pena que le correspondería a un ciudadano común y silvestre para que aprendan que a la carrera pública no se entra para robar sino para servir. La política, bien entendida, es el mayor grado para servir a nuestros semejantes y no debe ser, como ha sido escandalosamente demostrado en los últimos años, un sitio para la pillería, la desverguenza, la prepotencia y el abuso y las ganas de enriquecerse rápido, indebidamente como muchos congresitas han hecho y hacen desde los ministros hasta el más bajo de los servidores públicos.
La idea de hoy día: duplicar las penas para los funcionarios públicos que delinquen o abusan de su autoridad para enriquecerse. Cárcel para ellos pero doble para que sirvan de escarmiento.
No hay comentarios:
Publicar un comentario